Pablo Rodríguez Cortés - Secretario general de la comisión ejecutiva de Izquierda Republicana del País Valencià.
A la gloria del Gran Arquitecto del Universo, en nombre de la Francmasonería Universal, bajo los auspicios de la Gran Logia Simbólica Española en virtud de los poderes que me han sido conferidos, declaro abierta esta Respetable LogiaÉ» con estas palabras rituales, pronunciadas por un venerable maestro el día 22 de noviembre del año 1974, se reiniciaban, clandestinamente, en Valencia los trabajos de una logia masónica.
El dictador Franco, que tan duramente había reprimido el funcionamiento y desarrollo de la masonería en el Estado español, todavía vivía, pero un grupo de ciudadanos decidió «levantar las columnas» de un templo masónico en la calle Cádiz de Valencia y ponerse a trabajar en la reconstrucción de la masonería valenciana, con el riesgo que tal acción conllevaba en el año 1974. La acacia reverdecía, funcionaba por primera vez desde 1939 un taller masónico que pasaría a denominarse Blasco Ibáñez, en honor del escritor que con el nombre simbólico del revolucionario francés Danton también formó parte de una logia.
Desde entonces hasta el día de hoy, el número de logias masónicas y, en consecuencia, de miembros se ha incrementado. A la Blasco Ibáñez habría que añadir la Sorolla, la Germanies, la San Juan, el Derecho HumanoÉ, todas ellas con sede en el País Valencià y reconocidas internacionalmente.
Todavía pesa sobre la masonería la leyenda negra impuesta por el fanatismo intolerante y reaccionario y propaganda desde las instituciones, salvo en el período correspondiente a la República, de ahí que sean importantes en el momento actual las propuestas realizadas por los grupos políticos parlamentarios del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y de Izquierda Unida (IU), en el seno del cual se integra Izquierda Republicana (IR), para que el Gobierno adopte las necesarias medidas para rehabilitar y rendir homenaje a los perseguidos por el franquismo, así como a expresar su consideración y reconocimiento a aquellos masones y obediencias masónicas agraviadas injustamente en la reciente historia de España.
Bueno será, pues, que el Gobierno acepte las propuestas parlamentarias y rehabilite a la masonería, uno de cuyos principios es la unidad humana y la tolerancia el principal de sus deberes. Hay que reconocer públicamente que la masonería de cualquier país trabaja por el progreso y contribuye a formar las sociedades humanas sobre la base de la libertad, la igualdad y la solidaridad.
La sociedad debe de saber que en la masonería han podido y pueden agruparse para trabajar los seres humanos libres, sin discriminación de razas, religión y de ideas políticas y sociales.