En los Vall.·. d'Alcoi; el 14 de octubre de 2003 e.:v.:
V.·. M.·. y QQ.·. HH.·.
La memoria es un elemento esencial de la Masonería. El fundamento de todo conocimiento esotérico es que éste no debe recaer en manos del ignorante o del profano, lo que justifica que sus iniciados deban memorizar el material de dicho conocimiento generalmente valiéndose del uso de emblemas y se evite así que queden comprometidos los secretos al registrarlos sobre papel. Hay constancia de que ya en la primitiva masonería escocesa, los compañeros no eran admitidos a la logia sin "una prueba fehaciente de la memoria y arte del oficio". Se consideraba entonces el dominio de la mnemotecnia como una de las habilidades masónicas fundamentales.
Es necesario remontarse al periodo renacentista para encontrar los orígenes más directos de dicha influencia sobre la masonería simbólica. Entre los numerosos aspectos del conocimiento antiguo que fueron redescubiertos y reinterpretados durante este periodo, se encuentra un método empleado en la antigüedad clásica para mejorar la memoria. Ademsa, este redescubrimiento estuvo asociado al hermetismo, de manera que no sólo se empleó como un recurso muy útil, sino que además estaba ligado a lo cósmico, a lo divino y al camino hacia la perfección.
La antigua mnemotecnia grecorromana utilizaba como vehículos para su técnica obras arquitectónicas de todo tipo que estuvieran singularmente bien organizadas, ordenadas y fueran suficientemente complejas, es decir, donde la Geometría y la Matemática hubieran sido profusamente empleadas como base para su disposición. El método consistía en el estudio detallado y cuidadoso de dicho gran edificio u obra con arquitectura prominente. El estudiante debía anotar el plano, la disposición de las habitaciones, sus características, esculturas, acabados y detalles y debía dedicarse a memorizarlo tras unas cuantas visitas. Naturalmente, este proceso implicaba realizar un viaje a través del edificio de manera que las habitaciones, espacios y departamentos fueran visitados en un orden lógico determinado que supusiera una progresión o ruta, una idea que es a su vez profundamente masónica. Cuando se iba a memorizar un discurso, una obra de teatro o cualquier otro texto o lista, el estudiante debía rememorar la ruta que había realizado a través del edificio, de forma que las habitaciones y cada uno de sus detalles quedaran asociados a los elementos clave en el texto o lista como conceptos, rostros, o incluso con palabras o frases específicas. La imágenes memorizadas actuaban como un mecanismo desencadenante para recuperar los pensamientos, ideas, palabras o abstracciones.
Esta técnica permitía realizar asociaciones muy personales entre las imágenes, los lugares y sus contenidos; asociaciones que podían resultar obscuras para todos excepto para la persona que las estuviera ejercitando. Los paseantes suficientemente entrenados podían llegar a asociar cada uno de los elementos de conjuntos arquitectónicos tales como las Termas de Roma o el Coliseo con palabras de un discurso, llegándose a resultados prodigiosos.
El Arte de la Memoria también incluía símbolos o emblemas elaborados que acabaron por resultar familiares en todo el Imperio Romano. Cada deidad estaba normalmente asociada a unos atributos que la hacían fácilmente reconocible. Esta práctica fue posteriormente heredada por la iconografía cristiana. Una catedral medieval, con sus laberintos, imágenes, relieves, tallas y otra iconografía colocada en puntos estratégicos servía como Templo de la Memoria, recordándole al peregrino el Templo de Salomón, historias bíblicas, los hechos de los santos y fórmulas de rezo y devoción.
Como ya se ha indicado, el Arte de la Memoria logra durante el periodo renacentista un renovado interés. Fue acogida con devoción por muchos grupos neoplatónicos en su redescubrimiento de la Antigüedad y búsqueda del conocimiento esotérico, apareciendo en multitud de emblemas, cuadros, frontispicios, etc. Destaca el teatro de la memoria inventado por Giulio Camillo y que se basa en los principios arquitectónicos de Vitruvio y en algunas referencias bíblicas, especialmente salomónicas. Camillo sostenía que con su sistema era posible controlar las fuerzas del firmamento por medio del uso de los patrones de estrellas o constelaciones y los signos del Zodíaco, como si se tratara de un inmenso teatro de la memoria universal. Giordano Bruno también trabajó en el Arte de la Memoria y defendió que sus métodos podían ayudar a revelar el conocimiento egipcio antiguo, permitiendo al hombre alcanzar la unión con lo divino.
Se ha sugerido que la influencia de las ideas herméticas de Bruno sobre la memoria fueron introducidas en la masonería operativa en Escocia alrededor de 1599 por su discípulo Alexander Dickson y por William Schaw, Maestro del Oficio de la Corona Escocesa. Sostenía este último que los masones debían demostrar favorablemente sus aptitudes en el Arte de la Memoria. La logia se configura así como un mnemónico de la idea del Templo, de un ideal perdido y a su vez de otros muchas conceptos masónicos. Además, esta antigua técnica ha tenido una influencia evidente en la iconografía y atavíos masónicos. El libro de la doctora Yates "El arte de la memoria" va aún más allá al defender que la mnemotecnia estuvo íntimamente conectada a la Masonería llegando a generar todo un movimiento místico, ocultista y hermético que emplearía los elementos especulativos de la Arquitectura de la Memoria como vehículos para enseñar las ideas morales y místicas dirigidas al y emanadas del G.·.A.·.D.·.U.·.
Por lo tanto, el masón debe esforzarse en ejercitar el Arte de la Memoria como parte de su instrucción. Debe cultivar una nueva forma de dirigir vuestra mirada hacia los elementos que decoran este Taller. Cada uno de ellos debe evocarnos un concepto o palabra: su disposición no es fruto del azar sino encierra un significado que mucho tiene que ver con la visión masónica del mundo.
Este ejercicio debe comenzar por el estudio del cuadro de la logia que contiene las enseñanzas simbólicas más importantes del grado y que históricamente tiene su origen en el tapiz que a modo de mnemónico se colocaba en la sala que fuera a emplearse como taller cuando primitivamente no se disponía de un local donde de forma permanente se mantuvieran los símbolos instalados. Los emblemas eran en su origen trazados en el cuadro o incluso en el suelo antes de las tenidas y posteriormente borrados tras el cierre de trabajos. Porque el símbolo mnemónico no necesita de una forma física concreta, si bien es cierto que su complejidad y cierto antropomorfismo nos puede ayudar a generar de modo más eficaz la asociación. Por eso los emblemas masónicos resultan aún bellos al profano que, a pesar de no alcanzar a comprender lo que tras ellos se encierra, se ve abocado a que queden estos impresos en su memoria, aunque huérfanos del mundo platónico de hermosas ideas de los que no son más que meros reflejos.
Bruno, M.·.M.·.
Resp.·. Log.·. Constante Alona
Referencias
Curl, James Stevens "The Art & Architecture of Freemasonry: An Introductory Study" Nueva York: Overlook Press, 2002 (1991).
Yates, Francis A. "The Art of Memory", Chicago: University of Chicago Press, 1996 (1974).