cabecera

Masoneria y las Colonias Escolares de la Comunidad Valenciana (1906-1936)

A L:.G:.D:.G:.A:.D:.U:.

Introducción

No es difícil buscar paralelismos y aportaciones entre la Masonería española y la historia contemporánea de España. Tanto los vaivenes de la historia de los dos últimos siglos en sus aspectos sociales y políticos han influido en el desarrollo de esta Institución como la aportación individual de los hombres pertenecientes a esta, influidos por el carácter de la orden masónica, hicieran de sostén para el progreso de este país.

Es conocido de los estudiosos del tema que el aspecto de la Fraternidad, uno de los pilares de la masonería especulativa, no solo se plasmaba en la ayuda mutua entre sus miembros, si no también, entre otras, en la aportación de las Logias a la comunidad en la que se desenvolvían en la creación de servicios comunitarios que sirvieran como motor para acabar con la ignorancia, principal elemento de desigualdad entre los hombres según la institución masónica, siendo dicha aportación material, económica e incluso humana. La creación de bibliotecas, escuelas nocturnas para adultos y centros de enseñanza laicos para las clases desfavorecidas en las localidades donde había presencia de Logias son muestra de ello.

Hay que destacar la aportación a la sociedad española de la influencia en la Masonería de una de las corrientes filosóficas del siglo XIX, el krausismo, que se hizo patente sobre todo en la Institución Libre de Enseñanza. La preocupación por la mejora del sistema educativo en todos sus aspectos, incluso en los no formales o institucionales, trajo consigo la llegada a nuestro país, entre otros servicios pedagógicos, de las colonias escolares a través de la I.L.E., que tuvieron presencia en la práctica totalidad del estado español y que llegaron ineluctablemente, aunque de forma tardía, a la Comunidad Valenciana. Es difícil demostrar la influencia directa de la orden masónica en este servicio educativo, pues no es un tema de tratamiento en el interior de las Logias y difusamente aparecería en las actas de las tenidas o reuniones de los masones españoles y valencianos, pero si es clara y directa la participación de estos tanto en las organizaciones municipales como en instituciones apadrinadas por la Masonería. Sirva este trabajo para hacer una breve historia de este movimiento educativo y aclarar las aproximaciones de ambas instituciones en su época, pues son bastantes las evidencias.

Krausismo, Masonería y la Institución Libre de Enseñanza

La influencia del Krausismo en la Masonería española es patente, del mismo modo que la Masonería sirvió como canal para la difusión de esta corriente filosófica a través de sus miembros y de aquellos personajes próximos a la institución masónica. Fue introducido por el catedrático de Historia de la Filosofía de la Universidad de Madrid, Julián Sanz del Río y propagadas por Francisco Giner de los Ríos, Catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de Madrid y fundador de la Institución Libre de Enseñanza, y Nicolás Salmerón, catedrático de Metafísica de la Universidad de Madrid. Ejercieron las ideas de Krause una gran influencia en el pensamiento español político de la segunda mitad decimonónica, siendo incorporado en sus aspectos éticos en el republicanismo por Castelar y Pi y Margall (Ambos presidentes de la I República, como Salmerón, siendo este además Gran Maestro del Gran Oriente Español). El krausismo, o también conocido por panenteísmo, creado por el filósofo alemán Karl Christian Krause e inspirado en el idealismo alemán y en Spinoza, postula una concepción teísta-panteísta del universo, que aparece como una síntesis de la razón humana y de la naturaleza. En los aspectos éticos, su carácter utópico era de fácil aplicación en la sociedad española de la época, por ser más racionalista, humanista y profunda que las corrientes anteriores. Proclamaba la importancia de las sociedades universales (nación, familia), frente a las de carácter limitado (Estado, Iglesia). Fue aplicado este concepto a la política por liberales y reformistas; en la religión, tras el dogma de infabilidad pontificia del Concilio Vaticano I, en un acercamiento a posturas racionalistas y panteístas por algunos sectores intelectuales, lo que conllevaba un enfrentamiento directo y profundo con la iglesia católica; y sobre todo en la educación, donde se concebía el sistema educativo como un agente transformador de la sociedad, desligado de la iglesia y del estado, apoyado en la sociedad y al servicio de esta, creador de un clima comunitario de honestidad y cultura de trabajo, afición al estudio, búsqueda de la verdad e interés por la ciencia, siendo esta la totalidad del saber humano en el que la filosofía ocupa un lugar central y preeminente. En lo pedagógico se puede resumir en que la enseñanza es lo aprendido, configurándose la educación como el modelado de la persona, siendo el ambiente el resorte educativo, que debe tener como fondo indispensable una base moral y espiritual.

Estos planteamientos en el campo de la educación definen el ideario de lo que sería la Institución Libre de Enseñanza, creación en 1876 del catedrático y estudioso del Krausismo Francisco Giner de los Ríos. Su carácter profundamente crítico, sus modos de enseñar y su ilimitada ilusión docente convierten a Giner en una de las figuras obligadas del Madrid universitario del siglo pasado. Por su trayecto pedagógico no dudó en enfrentarse abiertamente a ciertas ordenanzas atentatorias a la libertad de cátedra que habían sido adoptadas por el Ministro de Fomento, Marqués de Orovio, en 1875, que imponía a los catedráticos españoles la sujeción a textos oficialmente autorizados y la prohibición de enseñar doctrinas contrarias al dogma católico, considerado verdad social de la patria, por lo que en 1881 es restituido a su cátedra. La Institución Libre de Enseñanza, bajo la dirección de Giner, continuará su andadura como modelo de calidad de enseñanza, no tardando en adquirir renombre nacional e internacional. Fundaciones de la I.L.E. serán el Museo Pedagógico Nacional (Dirigida por Manuel Bartolomé de Cossio), las Colonias Escolares, la Junta para la ampliación de estudios e investigaciones científicas (Dirigida por Ramón y Cajal), la Residencia de Estudiantes, la Dirección General de Primera Enseñanza y las Misiones Pedagógicas. Pasaron como colaboradores y discípulos, masones como D. Santiago Ramón y Cajal además de Luis Simarro, Antonio Machado, Ortega y Gasset, Alvaro de Albornoz, Manuel Azaña, Marcelino Domingo, además de otros nombres de prestigio de la historia reciente española en todos sus aspectos, como Leopoldo Alas Clarín, Rafael Altamira, Joaquín Costa, Julián Besteiro, Unamuno, Juan Ramón Jiménez, José Martínez Ruíz Azorín, Torres Quevedo, Luis Buñuel, Rafael Alberti, Jorge Guillén, Salvador Dalí y Federico García Lorca entre otros.

La introducción de las colonias escolares en España

Como se aportaba en el apartado anterior, una de las Fundaciones de la I.L.E. fue el Museo de Instrucción Primaria de Madrid, que pasaría a llamarse posteriormente Museo Pedagógico Nacional, dirigido por Manuel Bartolomé de Cossio. Esta institución contaba entre sus objetivos la organización de actividades que favorecieran el desarrollo corporal del niño en las escuelas españolas. Cossio, conocedor de las experiencias europeas en Colonias Escolares consideró necesario introducir este movimiento de educación no formal en España. La primera experiencia europea de colonias escolares conocida con estructura pedagógica se localiza en la localidad suiza de Appenzell durante el verano de 1876, asistiendo 68 niños de zonas industriales de Zurich y diez maestros y maestras, organizada por el pastor protestante Walter Bion. Fue una experiencia de gran aportación pedagógica a diferencia de otras actividades anteriores, de carácter netamente sanitario. La finalidad de esta colonia fue triple, la mejora de la calidad sanitaria y de higiene, la educación intelectual y la formación moral de los niños. El ambiente higiénico y social de las ciudades suizas no era el correcto para amplias capas de la infancia obrera, pues el entorno urbano y familiar en las épocas estivales no era el más apropiado y repercutía negativamente en los hábitos de socialización y salud. De ahí el empeño de Bion en su experiencia de colonias escolares, alejar a los niños y niñas de los entornos urbanos para trasladarlos al entorno idílico del campo.

Los antecedentes ideológicos de las colonias escolares podemos buscarlos en la Ilustración y en los planteamientos educativos del Rousseau y en una de sus obras (No es casualidad que la primera experiencia estuviese radicada a la República de Suiza, origen de las colonias y patria del filósofo), titulada El Origen de la Desigualdad de los Hombres (1754), en la que se apunta la idea central de su filosofía, hallar en uno mismo aquella parte de la naturaleza que la sociedad todavía no ha empeorado, pues esta es el origen de los males del hombre y la que lo corrompe. Según Rousseau el hombre debe volver a su estado natural, acercarse a la naturaleza, pues en esta el hombre es libre. Como si se tratara del mito dieciochesco del buen salvaje, las colonias escolares acercarían a los niños al medio natural para mejorar su futura calidad humana. Hemos de añadir el planteamiento ilustrado de Rousseau de educación integral, la cual debe atender las necesidades del hombre en sus dimensiones físicas, intelectuales y morales, que encuentra en las colonias escolares un ejemplo paradigmático.

La experiencia suiza pronto traspasó fronteras. Dos años después se establecían colonias en los diferentes estados alemanes, favorecidas por la existencia de un hecho incipiente en Europa, la enseñanza primaria obligatoria con acción universal en la población infantil. De ahí pasó al Imperio Austro-Hungaro, Francia, Bélgica, Italia, Inglaterra y Holanda, extrapolándose a principios del siglo XX a los cinco continentes (Australia-1900, Japón-1901, Argentina 1902, Estados Unidos-1903). Los canales para la implantación fueron amplios, sociedades filantrópicas, organizaciones confesionales de las diferentes iglesias cristianas y la comunidad judía, grupos profesionales, sociedades obreras y las resultantes juntas públicas de los países que disponían estructuras modernas educativas, como el caso de los estados alemanes.

En el verano de 1887 Cossio comenzó la preparación de la primera colonia española. El presupuesto se cubrió con donativos de particulares y subvenciones de la Dirección de Instrucción Pública y de la Diputación de Madrid entre otros organismos oficiales. Se instaló en la localidad cántabra de San Vicente de la Barquera, por lo benigno del clima, la posibilidad de tomar baños de mar y realizar vida de campo. Los participantes, en un total de dieciocho, fueron elegidos entre los niños de las escuelas públicas de Madrid, propuestos por los maestros y sometidos a un detenido examen médico por parte de varios acultativos entre los que se encontraba el Doctor Luis Simarro (Colaborador de la I.L.E. y miembro de la Masonería). Se aplicaron los mismos criterios de planificación y oranización de las colonias europeas a la hora de la puesta en marcha de la actividad. La primera colonia escolar española fue un rotundo éxito. Pronto la idea fue seguida por otras instituciones privadas, como las Sociedades Económicas de Amigos del País de diferentes ciudades españolas, juntas Municipales como las de Madrid y Barcelona, organizaciones laicas y eclesiásticas, políticas, filántropicas y sociales. Con respecto a Europa no se consiguió en este tipo de programas educativos de tiempo libre la solidez de otros estados europeos hasta entrado el siglo XX, quizá por las prioridades de nuestro país, que carecía de un auténtico sistema educativo con ciertos niveles de calidad, lo que impedía por prioridades evidentes a las entidades oficiales destinar sumas importantes a las colonias, que no dejaban de ser proyectos educativos no formales, siendo entonces el origen presupuestario mayormente de origen caritativo, lo que hacía sostenerse en estado precario su futuro hasta que esas se convirtieron en una realidad social por su labor entre la infancia de los sectores más desfavorecidos.

Las Colonias Escolares en la Comunidad Valenciana

Las primeras colonias escolares organizadas por organizadores netamente valencianos se realizó en Segorbe en 1906, organizada por la entidad de carácter religiosa Juventud Obrera, si bien hubo varios intentos, fallidos por falta de empuje, de realizar este tipo de actividades por la Sociedad Económica del Amigos del País de Valencia. Se puede decir que existía una necesidad real de este tipo de actividades dadas las condiciones de vida de las clases sociales más desfavorecidas, que ocupaban una amplia parte del espectro social. A principios del siglo XX las dietas infantiles eran pobres y sin variedad, las condiciones higiénicas de las casas eran pésimas, el agua corriente no llegaba a todas las viviendas, así como el alumbrado. Las enfermedades eran frecuentes y tomaban en ocasiones proporciones de epidemia, como las de viruela y gripe, este panorama tan desolador se veía ampliado por la incidencia entre las clases bajas de la tuberculosis. La mortalidad infantil alcanzaba cuotas cercanas al 3 por ciento, por arriba de la media europea. Las colonias escolares podían servir como un medio útil y de bajo coste para dar una mejora en la calidad de vida de los pequeños valencianos de las clases urbanas más desfavorecidas.

El panorama para su organización era favorable, su relativo bajo coste económico, al ser una actividad estacional y por la utilización de locales cedidos, y el carácter filantrópico de este tipo de actividades, permitía que entidades sociales de la época vieran plausible hacer entrega de sus recaudaciones a una idea que podía ser viable a corto plazo y con una buena intervención en la sociedad. Dada la aparición constante de colonias y con el interés de crear una institución dedicada a todo lo relacionado con las colonias nace en 1916 la Junta Valenciana de Colonias Escolares. Nace desde el interés de profesionales de dos colectivos, el sanitario y el educativo, ambos en el seno de la Asociación para el fomento de la Cultura y la Higiene, origen de la J.V.C.. Del primero participaron los doctores Mariano Pérez Feliú y Jesús Bartrina, además de Juan Bartual Moret, Luis Valencia Negro, Victoriano Vázquez Garrido y Rafael Bover Albi, entre otros. Del lado de los docentes participaron los maestros Rafael y Ramón Mateu, Fernando Belda, Natividad Dominguez, Josefa Fabra, Vicente Orts, Angelina Carnicer y María Carbonell, estas últimas profesoras de la Normal y notables miembros de la Institución Libre de Enseñanza. El origen de ambos colectivos sintetizaba en cierto modo el leiv motif de las colonias, la voluntad higienista y sanitaria unida a los nuevos conceptos de educación no formal.

La Masonería valenciana y las colonias escolares

Indagando en los miembros de la vida política y social de la Valencia del primer tercio de siglo, y su presencia en el movimiento de colonias escolares no es difícil encontrar la presencia de la Masonería. La vida de los masones valencianos durante la primer y segunda década del s.XX era activa y prolija, quizá por la presencia en los talleres del espíritu masónico filantrópico y activamente social que se ejemplarizaba en un valenciano universal, Vicente Blasco Ibáñez, que fue miembro de la Masonería iniciado en la Logia Acacia nº25 de Valencia en la década de 1880. Blasco Ibáñez, fundador del partido político Unión Republicana Autonomista, de carácter valencianista, dedicó desde esta organización política especial interés por el desarrollo educativo de los valencianos, creando las sedes sociales del partido (lo que para la izquierda eran las casas del pueblo), con el nombre de Casinos Instructivos Republicanos, en los cuales solían encontrarse escuelas primarias laicas, con nombres tan significativos como Casa de la Democracia, el siglo XX o La Luz, situadas estas en barriadas proletarias como el Cabañal o Ruzafa. Desde estas escuelas se seleccionaron muchos de los participantes en las actividades de la Junta Valenciana de Colonias.

Llama la atención de la cantidad de miembros de la Logia Federación Valentina nº2 en los primeros movimientos de las colonias de la J.V.C., pues esta estaba presidida por el doctor Mariano Pérez Feliú, médico de la Casa de la Democracia y fundador del sanatorio de la Malvarrosa, iniciado en la dicha Logia y grado 13º, además de colaborar en la selección y organización el médico valenciano Luis Valencia Negro, simbólico Anatole France, Segundo Vigilante y Orador de la misma Logia y con el grado 9º. Las colonias estuvieron dirigidas durante sus actividades y pertenecieron a la Junta los profesores y masones Rafael y Ramón Mateu Cámara, también miembros de la Logia Federación Valentina, Maestro de Ceremonias y Arquitecto Revisor (censor de cuentas) respectivamente y ambos el con grado 4º.

Los niños de las escuelas laicas participaron de las colonias de la J.V.C. hasta que tuvieron capacidad de crear sus propias actividades, que llegaron de la mano del control del Ayuntamiento valenciano por parte del partido Unión Republicana Autonomista. Con ayudas de las arcas municipales (una subvención de 1.500 pesetas) se realizaron las primeras colonias de las escuelas laicas en 1919 en la Malvarrosa y Cheste, asistiendo entre ambas un total de 64 niñas y niños valencianos. A partir de 1920 la colonia se traslada a Buñol y quizá no sea obra de la casualidad, dado el atractivo natural de este municipio, sino también por el tinte político municipal, correspondiendo la alcaldía al partido blasquista, añadiendo la siguiente condición, era el lugar de veraneo de los activos republicanos y masones Vicente Marco Miranda, teniente de Alcalde del Ayuntamiento de Valencia y diputado a cortes (Simbólico Liberto, grado 33º y miembro de la Logia Patria Nueva, fue el primer gran Maestro de la Gran Logia Simbólica Regional de Levante) y el abogado Pedro Vargas Guerendiaín (Simbólico Pi, grado 18º y miembro de la Logia Federación Valentina). A estos dos políticos les unía además su activismo político en común, radicales, participaron ambos activamente en la Sanjuanada en relación con otros militares masones valencianos como el teniente coronel José Bermudez de Castro, también miembro de Patria Nueva. Ambos masones colaboraron en la instalación en la localidad de dicha colonia, junto con otros prohombres republicanos de la época que disfrutaban del estío en este municipio. La experiencia fue un éxito y se valoró la posibilidad de hacer un centro estable de colonias en Buñol para las escuelas laicas. Se contó con la colaboración del Ayuntamiento, que compró un terreno en la partida de Viachen con destino a la construcción de una casa de colonias. Al efecto y con el fin de financiar la construcción se abrieron cuentas para las portaciones en los diferentes Casinos Instructivos.

Las obras, diseñadas por el arquitecto Mora y dirigidas por el maestro de obras Elías Matamales, se iniciaron el 1 de septiembre de 1.922 y la casa de colonias quedó inaugurada el 2 de septiembre del siguiente año. El edificio inicial, de una altura y 40 m. por 10, contaba con capacidad para cien camas y aseos con servicio de duchas. La manutención y asistencia de los colonos se costeaba por suscripción popular, por lo que los niños y niñas participantes participaban de forma gratuita, tras una minuciosa selección en función de su condición física y necesidades ambientales y sociales. La organización era también innovadora, todos los maestros y maestras estaban a cargo de un grupo no superior a los doce colonos, siempre en permanente contacto con los niños; dormían en el mismo dormitorio, se aseaban en sus mismos aseos, comían en su misma mesa, atendían de forma exquisita a los que no asistían sus padres los días de visita familiar, marchaban con ellos a las excursiones y les dirigían en las actividades de tipo educativo. En referencia a los valores formativos la Colonia Escolar Blasco Ibáñez llama la atención por los conceptos renovadores en aspectos educativos. Los colonos no solo eran de ambos sexos, si no que además realizaban las actividades de forma conjunta, siendo un modelo de coeducación. Las actividades eran las habituales en un programa de colonias, primando al mismo nivel las necesidades primarias de los asistentes (salud, alimentación e higiene) junto con los procesos educativos desde el marco no formal. Los niños realizaban gimnasia matutina, actividades deportivas, realizaban paseos guiados, visitas educativas, actividades culturales (Disponían de radio para hacer audiciones musicales e iban al cine del Teatro Penella). Se fomentaba del mismo modo la relación con la familia, realizando encuentros dominicales con los familiares y cuidando de que los niños escribieran un día a la semana una carta a sus hogares.

La Colonia Escolar Blasco Ibáñez funcionó regularmente desde su fundación hasta el inicio de la guerra civil, pasando por ella hasta 1.933 por esta casa-colonia sita en Buñol un total de 1.850 colonos. El año de menor asistencia fue de 75 colonos y el de mayor 300. Durante la guerra el edificio de Buñol fue ocupado por la Federación Universitaria Escolar, que instaló allí una colonia de niños de otras localidades que debido a los avatares de la contienda debieron abandonar sus casas, siendo este su papel hasta la finalización de la guerra civil.

La Fundación Cultural Blasco Ibáñez

Fallecido Blasco Ibáñez en 1928, las diferentes Logias deciden en crear la Fundación Cultural Blasco Ibáñez, con la finalidad de honrar la memoria de este ilustre literato, político y masón, rindiéndole homenaje con la creación de una serie de instalaciones para la propagación de la cultura y la educación entre las clases más desfavorecidas. Esta se plasmaba en la creación de una biblioteca popular junto con un grupo escolar y la ampliación de la Colonia de Buñol, con la idea inicial de que las dotaciones fueran ampliadas para atender a quinientos niños y niñas.

Nace la Fundación Blasco Ibáñez con una junta directiva que representa todos los talleres masónicos de la ciudad de Valencia y a los miembros más significativos, formando esta los Venerables Maestros y los Oradores de las cuatro logias valencianas, a saber, Federación Valentina nº2, Patria Nueva nº4, Germaníes y Tyris nº41. Presidía la fundación Vicente Marco Miranda, siendo su tesorero Francisco Soto Mas, secretario Fernando Valera Aparicio, y completando la directiva Antonio López Rodrigo, Fernando Montero, Pedro Vargas Guerendiain, Alvaro Pascual Leone y Martín Civera Martínez. Fueron nombrados presidentes honorarios de esta fundación D. Augusto Barcia, Teniente Gran Comendador del Supremo Consejo, y los Grandes Maestros del Gran Oriente Español y de la Gran Logia Española, D. Demófilo del Buen y D. Francisco Esteva.

El proyecto inicial de esta fundación se ha de reconocer que fue excesivamente ambicioso, pues la envergadura de este estaba por encima de las posibilidades de los masones valencianos. Por este motivo todo el esfuerzo se orientó hacia la casa-colonia de Buñol, pues era de las tres propuestas, junto con la vonstrucción de un grupo escolar y de una biblioteca pública, la más viable pues esta ya estaba en marcha y al tiempo contaba con la colaboración de masones valencianos, en especial del presidente de la fundación Marco Miranda. La propuesta inicial de la fundación fue adquirir el pabellón de la colonia y consolidar las obras. Para dicha propuesta se realizó un folleto informativo que circulo por las Logias de todo el territorio nacional. Este tenía un prefacio ideológico y la declaración de intenciones y finalidad de la Fundación, la composición de la junta directiva, en la que hemos de valorar desde aspectos masónicos la unidad de acción entre ambas Obediencias Masónicas de la ciudad de Valencia en lo referente a intervención social; Instrucciones para realizar donativos, tanto en metálico como en bienes materiales, la ficha para la donación y envío de libros, y fotografías de la casa-colonia donde irían dirigidas las inversiones de la fundación. Al respecto se dispone de información en las actas de tenidas ordinarias de la Logia Federación Valentina.

No se posee gran información de los resultados de esta campaña de apoyo a la Colonia Escolar Blasco Ibáñez, pues solo sabemos de la corta duración de la actividad de la Fundación. Lo más probable, y dada la conexión entre el partido blasquista, que luego derivo parte de sus componentes en Izquierda Valenciana, y algunos masones de significativa importancia en la masonería valenciana, estos volvieran, dada la inviabilidad de las aspiraciones de la Fundación, a centrar sus esfuerzos en el apoyo las escuelas laicas y casas de la democracia, y a su actividad filantrópica individual, quedando la Colonia Escolar Blasco Ibáñez inmersa dentro del colectivo de colonias escolares que prestaban servicio a la infancia valenciana durante la II República española.

Conclusiones

Cuando se habla de Masonería y su intervención en la sociedad, en cualquier momento de la historia, no se debe confundir entre la actitud, que puede derivar de la formación ética en principios de solidaridad y tolerancia en el seno de las Logias de los masones individualmente, con los cambios y aportaciones en el progreso de la humanidad de estos miembros de la Orden Masónica como obra de la Masonería. En el caso que nos ocupa no podemos afirmar que la masonería valenciana intervino directamente en la creación y expansión de las Colonias Escolares Valencianas, aunque si podemos decir que los masones presentes en las directivas de las instituciones que gestionaban este servicio al efecto, ocuparon un papel de notable preponderancia, tanto en aspectos pedagógicos como sanitarios. En lo referente a la Colonia Escolar Blasco Ibáñez nos encontramos en la misma tesitura, si bien entra un componente importante más, la pertenencia al partido Blasquista de notables masones valencianos que a su vez colaboraron con la colonia, tanto como educadores, como el caso de los hermanos Mateu Cámara, como en aspectos sanitarios, como los doctores Pérez Feliu y Valencia Negro, como en el apoyo y aportaciones materiales a través de fundaciones, como el caso de Marco Miranda y de Vargas Guerendiain. Nos encontramos en este caso ante un paradigma de intervención de la Masonería a través de sus miembros en la sociedad. El masón suele ser un individuo activo en el que es fácil interrelacionar sus facetas políticas, sociales, profesionales y masónicas en espacios ideológicos comunes.

Es complejo muchas veces intentar afirmar cual de las facetas que concurren en el masón es la preponderante a la hora de intervenir en la comunidad, por ello es mucho más arriesgado decir que es la formación masónica la que aglutina a todas las virtudes que emanan de las características del individuo, y por ende las intervenciones que este ha desarrollado por el bien de su comunidad. Lo que si es evidente es que todas las facetas se potencian mutuamente y que a fin de cuentas, en el caso que nos ocupa, son miembros de la Masonería aquellos que fortalecieron el servicio de este programa asistencial para la infancia, fuera su origen el mundo educativo, sanitario o filantrópico, lo que nos permite decir que si hubo una intervención gradualmente positiva en las colonias escolares valencianas de la primera mitad del siglo XX por parte de los miembros de la Masonería valenciana.

Referencias consultadas:

Cruz, José Ignacio: "Las Colonias Escolares Valencianas (1906-1936). Un ejemplo de renovación educativa". Institut Valenciá de la Joventut. Consellería de Cultura, Educació i Ciència. Generalitat Valenciana. Valencia, 1.991.

Sampedro Ramo, Vicent: "La Maçonería valenciana i les Lògies Accidentals durant la Guerra Civil", Història, Sèrie Minor. Consell Valencià de Cultura. Generalitat Valenciana. Valencia, 1.997.

Plácido.

M.·.M.·.

R.·. L.·. Constante Alona

VVall.·. de Alicante

 

Estudios

aprendiz

"La Francmasonería, (...) trabaja para el mejoramiento material
y moral, en pos del perfeccionamiento intelectual y social de la humanidad".

Artículo Primero de la Constitución del Gran Oriente de Francia

Respetable Logia Constante Alona. Alicante. España.