El Gran Oriente de Francia: un compromiso humanista, iniciático y fraternal

Tres siglos de historia

La Francmasonería moderna es fruto del siglo de las Luces, el resultado final de la transformación, a partir de 1645, de un viejo gremio en asociación para el encuentro y la  reflexión. La primera Gran Logia se constituye en Londres, por entonces “capital” de las ideas filosóficas, en 1717. El Gran Oriente de Francia es la más antigua e importante obediencia masónica de la Europa continental. Nacida en 1728 como Primera Gran Logia de Francia, tomó su forma y nombre actuales en 1773. Hoy, el Gran Oriente cuenta con más de 47000 miembros, inscritos en más de 1150 logias.
Propone a los hombres de hoy una vía humanista, iniciática y fraternal. En efecto, para el Gran Oriente de Francia el perfeccionamiento individual posibilitado por la iniciación masónica y su método estimula a los masones para que reflexionen también sobre los problemas del mundo y los temas sociales. Es ésta una de sus especificidades con respecto a otras obediencias masónicas. ¿De qué sirve el mejoramiento –intelectual, moral o espiritual- de un hombre, si no le lleva a interesarse por el “otro” y por su destino?

 

Un compromiso humanista

En la tradición de búsqueda y emancipación del Gran Oriente de Francia, la iniciación masónica ha de transformar al hombre en todas sus dimensiones. El Gran Oriente de Francia reivindica, pues, estos principios formulados en 1738 por el hermano Caballero de Ramsay: “Los hombres no se distinguen esencialmente por las diferentes lenguas que hablan, los vestidos que llevan, los países que habitan ni por las dignidades con que han sido revestidos. El mundo entero no es sino una gran República… Nuestra sociedad (la Francmasonería) fue fundada para hacer revivir y extender estas máximas esenciales, tomadas de la naturaleza del hombre”. Los Francmasones del Gran Oriente se encuentran entre los principales artesanos del advenimiento y, más tarde, arraigo en nuestro país de la República, que hoy día forma parte de la identidad francesa. Se consideran en cierto modo garantes y vanguardia del régimen republicano, único que puede asegurar el crecimiento y desarrollo de cada uno en Libertad, Igualdad y Fraternidad. La historia del Gran Oriente de Francia es una sucesión de compromisos de sus miembros con vistas a dar cuerpo a estos valores. Actualmente, los trabajos de los Masones inciden especialmente en la forma de hacer que se vivan estos principios humanistas en un mundo en plena mutación, que busca nuevos puntos de referencia.

 

La iniciación

Pulido por los siglos, el lenguaje simbólico de los ritos tiende a lo universal y permite reunirse dejando fuera las contingencias de la vida cotidiana y más allá de las habituales divisiones entre las personas. La fraternidad masónica, cuyo crisol es la Logia, debe ser un lugar de cuestionamiento y debate entre hombres de buena voluntad, cualesquiera que sean sus creencias. Desde esta perspectiva, confrontar nuestras diferencias para comprender lo que nos une es una de las claves de la iniciación. La dimensión iniciática es la herramienta esencial que permite al masón encontrar sentido a su existencia e insertar este sentido en el de una humanidad que camina hacia la emancipación. Los ritos masónicos son vividos como herramientas de acceso al conocimiento.

 

La libertad de conciencia

Durante el siglo XVIII, las Grandes Logias de todo el mundo decidieron no reclutar ya únicamente cristianos sino abrir las logias a hombres de todas las religiones. En el siglo XIX, el Gran Oriente de Francia dio un paso más al proponer la iniciación masónica a todos los hombres que respeten la “ley moral”, como dicen las Constituciones de Anderson (1723). Queriendo ser, de esta manera, fielmente “centro de unión entre personas que, sin ella, continuarían siendo perpetuamente extrañas”, el Gran Oriente abolió, en 1877, la obligación de que sus miembros crean en la existencia de Dios y en la inmortalidad del alma. Así nació la Francmasonería “liberal” o “adogmática”, que acoge a creyentes y no creyentes y permite a sus miembros absoluta libertad de conciencia y de búsqueda. El Gran Oriente considera que las concepciones metafísicas son asunto exclusivo de la apreciación personal de sus miembros. Las logias del Gran Oriente de Francia trabajan, pues, según decidan libremente, a la gloria de la Francmasonería Universal o a la gloria del Gran Arquitecto del Universo. Siguen un camino humanista equilibrado entre la reflexión sobre la ciudad y el trabajo iniciático.

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