“Este es el principio y el fin del camino. Viajero, has llegado a tu casa”...
Con esta frase comenzaba el impresionante espectáculo de Luz y Sonido en el Templo de Karnac en Luxor, la noche de Agosto de 1999.
El ser humano, en su constante evolución y en la búsqueda hacia sus orígenes mira a Egipto, un misterioso país que nace a orillas del río más largo del mundo y de los pocos que desembocan al norte de su nacimiento, un país que verdaderamente emerge de la noche de los tiempos y donde se dan cita todas las dudas que en un momento de nuestras vidas nos han inquietado, lleno de magia, superstición, leyenda, así es Egipto.
Tiene tantos misterios, tantas leyendas que sería imposible resumir en una sola plancha todas las sensaciones vividas en ese legendario país.
A doce Kms. de la ciudad del Cairo se alzan majestuosas, contrastando con el azul del cielo, sin temor al tiempo, las pirámides de Keops, Kefren y Micerinos, en la meseta de Giza. Es el lugar de nuestro planeta que más fascinación despierta, el más visitado y el espacio donde se escuchan los ecos más cercanos de un pasado tan oscuro como revelador. He visto gente llorar al verlas, he visto ritos y cadenas de unión entre personas dentro de la cámara del rey, en la pirámide de keops; gente que ha llegado de todo el mundo como en una peregrinación para depositar allí todas sus inquietudes unos, y reponer energías otros.
En Giza sin duda la pirámide más conocida, la más visitada y la que más pasiones despierta es la atribuida al Faraón Keops y conocida mundialmente como “La gran pirámide”.
Según Plinio el Viejo, la construcción de la gran pirámide fue una loca exhibición de la riqueza faraónica.
A Herodoto le contaron que fue construida por el Faraón Keops para convertirse en su tumba, aunque nunca se encontraron enterramientos en su interior.
La gran pirámide está construida por más de dos millones y medio de bloques de piedra que pesan entre las dos y sesenta toneladas cada una. Para transportarlas harían falta ochocientos mil camiones de gran tonelaje que, puestos en fila, llegarían desde Tarifa al final de Siberia.
En el área que ocupa la G.P. cabrían ocho campos de fútbol. Para rodearla hay que andar casi un Km. y su altura corresponde a un edificio de cincuenta pisos. Pese a sus colosales proporciones sus errores a nivel de angulación, orientación y simetría se cuentan por milímetros, hay juntas entre bloques en las que no se puede introducir un cabello.
Si bien de lejos, la pirámide parece entera, a medida que uno se va acercando, va apreciando el destrozo que las depredaciones, expoliaciones y saqueos han ido deteriorando la misma.
Sus medidas son: 231 metros de base, 146,60 de altura y 189 metros de lado.
La puerta de entrada se haya a casi 17 metros de altura sobre el pavimento, una barandilla y una base de madera recorren hoy la siringa, ayudando a los visitantes en este camino. La altura de la entrada mide 1,22 de alto por 1,05 de ancho.
Una vez en el interior de la pirámide, nos encontramos con dos túneles: el túnel ascendente y el descendente. Este último sólo mide 1,22 metros de alto por 1,05 de ancho y se interna 105,15 metros hasta la vertical del centro de la pirámide. Al final de este túnel encontramos la llamada “Cámara del Caos” a más de 35 metros por debajo del nivel de la Meseta de Giza.
El canal ascendente da paso al canal horizontal el cual a su vez da acceso a la “Cámara de la Reina” (nombre que pusieron los árabes), es una estancia cuyo techo en forma de caballete parece haber sido de color azul. Sus dimensiones son: 5,65 metros de largo y de anchura 5,23 metros; altura 4,17 y, 6,30 metros hasta el final del techo. En la cámara se encuentra un nicho con cuatro saledizos que parecen haber estado pintados de azul, igual que el techo. Tiene una profundidad de 0,52 metros. Frente al nicho aparecen claramente las huellas de una escalera o de una mesa de ofrendas. En las paredes norte y sur son visibles dos aberturas de la altura de un hombre que hacen de canales de ventilación. Estos conductos fueron descubiertos en 1872 por Waymann Dixon.
Si volvemos sobre nuestros pasos y seguimos ascendiendo nos encontramos con la llamada “Gran Galería” cuya longitud es de 46,05 metros. Su anchura de 2,092. Las paredes laterales que tienen siete saledizos forman una bóveda cuyo techo tiene la misma anchura que el pasillo comprendido entre las dos banquetas laterales. Su altura vertical es de 8,70 metros (incluida la altura de las banquetas). Las 40 losas que forman el techo están coloreadas de un tono rojo oscuro. Están imbricadas como las tejas de un tejado.
En la parte alta de la Galería, sobre un borde de 0,90 metros por encima del suelo y entre las dos banquetas, se encuentra un rellano de unos 5,57 metros, limitado por la pared sur. Una abertura de 1,99 metros de anchura por 1,10 de alto y 1,311 de profundidad dando acceso al vestíbulo de los “rastrillos” o “antecámara”. Este vestíbulo de paredes de granito tiene 2,96 de longitud, 1 metro de anchura y 3,90 metros de altura; llamado así por las ranuras verticales talladas en el muro sur que quizás sirvieran para sellar con bloques de granito la “Cámara del Rey”.
Construida enteramente con granito de Asuán, sus dimensiones son las siguientes: 10,481 metros de longitud; anchura, 5,235 metros; altura, 5,858 metros. Los muros están formados por 5 hileras de piedra, el techo por 9 enormes losas de granito que pesan aproximadamente unas 400 toneladas. En las paredes norte y sur hay dos canales llamados de ventilación. En la parte oeste de la cámara se encuentra el sarcófago de granito. Sus medidas exteriores son: longitud, 2,292 metros; anchura, 0,994 y de altura, 1,53 metros. Es de granito y ha sido objeto de diversas especulaciones con relación a su utilidad. A su alrededor suelen hacerse las cadenas de unión y diversas ceremonias que antes he mencionado, es el centro del esoterismo de Egipto.
Sobre el techo de la “Cámara del Rey” se encuentran 5 cámaras de descarga formadas igualmente por bloques de granito cuya altura supera los1,20 metros. La última termina con el techo en forma de caballete. Todas las grandes lozas que forman estas 5 cámaras están encajadas sobre la piedra caliza de la estructura general por lo que se interpreta como un recurso arquitectónico orientado a reforzar la estructura de la “Cámara del Rey”.
Geometría Sagrada
Para muchos especialistas en Matemáticas y en Geometría, la gran pirámide es una esfera.
Cuenta Plutarco en su “Vida de Marcello” que, estando Cicerón en Siracusa quiso conocer la tumba de Arquímides, pero el guardián del cementerio manifestó no conocerla. De este modo, Cicerón decidió buscarla por su cuenta y cuando se encontró con una lápida que tenía por única inscripción una esfera inscrita en un cilindro exclamó: “Esta es la tumba de Arquímides porque éste fue su descubrimiento más grande”.
Arquímides representó la culminación de las Matemáticas y las Tecnologías griegas. Se acercó tanto a las actuales que se considera el verdadero creador del Cálculo Infinitesimal y de la Mecánica Analítica. Sus trabajos sobre Hidráulica, Mecánica y Óptica son muy conocidos. Entre los desarrollos matemáticos a él atribuidos, se encuentra su famoso “algoritmo”, que establece en lenguaje moderno, que el arco está comprendido entre el seno y la tangente y con el que el matemático Ludolf (1600) calculó el número Pi con 32 decimales.
Fue John Taylor (1859) quién lo descubrió. El perímetro de la base y el mismo que el de la circunferencia dada, tomando como radio la altura de ésta, o, lo que es lo mismo, dividiendo el perímetro de la base de la G.P. por el doble de la altura obtenemos el número Pi.
Los sacerdotes de Egipto le dijeron a Herodoto, y así lo escribió, que un cuadrado de lado igual a la altura de la pirámide tiene la misma superficie que cualquiera de las caras triangulares de la pirámide.
Si se construye un paraledepípedo de base igual a la base de la pirámide y con la altura de ésta, la suma de sus cuatro caras laterales tienen la misma superficie que una semiesfera que tenga como radio la altura de la pirámide. La G.P. es uno de los llamados “Prismas de Arquímides”, es decir, la superficie lateral del prisma determinado por cuatro caras rectangulares de base igual a la pirámide y de altura igual a ésta es exactamente igual al área de la semiesfera, cuyo radio es la misma altura de la pirámide, y además, la base de la semiesfera determina una circunferencia de la misma longitud de la base cuadrada de la pirámide, como constató Taylor.
Pensemos que después de dos mil años de esfuerzo nadie a logrado resolver el problema de obtener una circunferencia equivalente a un cuadrado de lado. Ello es debido a que resulta difícil establecer la equivalencia entre figuras formadas por líneas rectas y otras formadas por líneas curvas.
La G.P. no sólo determina la cuadratura del círculo sino que también determina la cuadratura de la esfera.
El epitafio en la tumba de Arquímides determinaba que el volumen del cilindro en relación a la esfera y al cono era en números exactamente enteros 3,2,1: es decir, a un cilindro 3 corresponde una esfera de volumen 2 y un cono de volumen 1.
El cono de Arquímides inscrito en la esfera cumple la propiedad de que el perímetro de la base dividido por la altura es igual a dos Pi. Es evidente el lenguaje geométrico, la gran pirámide es simplemente un cono inscrito en una esfera que a su vez está inscrita en un cilindro.
Se cumple que el volumen del cono inscrito es exactamente igual a los conos también inscritos. Se cumple que el volumen de cada uno de estos pequeños conos es igual al volumen de la semiesfera y se cumple que la superficie de las caras laterales del prisma determinado por la pirámide (cuatro caras de base de la pirámide y la altura de ésta) tiene la misma superficie que la semiesfera, asimismo, se cumple que la cara lateral del cilindro tiene la misma superficie que la esfera, y por lo tanto se cumple que la superficie del prisma de la G.P., que era igual que la semiesfera, es igual a la mitad de la superficie de la cara del cilindro.
La cultura faraónica siempre realizó sus monumentos manteniendo sus tres premisas fundamentales: religión, arte y ciencia; pues para ellos estas tres premisas eran realmente una.
Podría contaros el efecto relámpago de la pirámide, el número áureo y profundizar en tantas y tantas cosas que se han descubierto sobre este monumento, pero debido a la extensión de esta plancha creo prudente dejarlo para otra oportunidad, terminando, si me lo permitís, con una frase que rodea todo el misterioso mundo faraónico: “Yo soy Isis. Soy lo que has sido, lo que es y lo que será y ningún mortal ha levantado mi velo”.
Bibliografía de apoyo: POCHÁN, André. El enigma de la gran pirámide. 4ª ed.-- Barcelona : Plaza & Janés, 1976.